viernes, 2 de enero de 2026

Jorge García-Dihinx, también fotógrafo de surf

Los que os gusta el mundo de la montaña habréis conocido ya la triste noticia del fallecimiento del Doctor Jorge García-Dihinx junto con dos acompañantes hace un par de días, en un alud, mientras practicaba el esquí de montaña cerca de Panticosa. Jorge era muy conocido en el mundo del esquí de montaña a este lado del Pirineo por su blog de información meteorológica, La Meteo que Viene, así como por sus guías de esquí de montaña del Pirineo aragonés.

Era muy cauto y experimentado, pero la montaña no está exenta de sorpresas, en este caso con consecuencias trágicas y que todos deploramos.

Cuando empecé en esto del esquí de montaña, allá por el 2011, rápidamente fui a parar a su blog, verdadera fuente de información fiable y entendedora de la meteorología en el Pirineo a corto plazo, así como una biblia de rutas de esquí para todos los niveles. Lo utilicé muchísimas veces para planear mis salidas en función de las previs de tiempo y nieve que compartía con nosotros. Y como yo muchos más.

Sin embargo su apellido me sonaba mucho, y me retrotraía a la época de los inicios de la revista Surfer Rule, a finales de los 80 y principios de los 90. Recordaba haber visto publicadas fotos de Mundaka, normalmente desde el agua, firmadas por un tal “Jorge G.-Dihinx”. Así que un día le abordé y le pregunté directamente. Y me contestó que efectivamente era la misma persona. 

Me contó que por aquél entonces residía en su Zaragoza natal y por su relación con Zarautz, donde acostumbraba a veranear, le había entrado la pasión de la fotografía acuática de surf. Recordaba que según los partes del tiempo que veía en el periódico o la televisión se organizaba para ir a Mundaka, muchas veces en tren, para cuadrar una sesión de fotos. Fotos que luego publicaron tanto la Surfer Rule como la Tres60. Pero admitió también haber realizado varios viajes en balde, cuando sus previsiones de olas y/o viento no se cumplían y volvía a Zaragoza con las manos vacías.

Esa misma pasión por la fotografía y meteorología de surf fue la que luego aplicó durante tantos años al mundo de la nieve y al esquí de montaña con tanto éxito.

Estos días en las redes sociales hay muchos homenajes al Jorge García-Dihinx montañero, esquiador, divulgador de rutas y meteorología de montaña y pediatra. Un ser humano especialmente positivo y que no dudaba en compartir sus consejos para vivir mejor. 

En cambio no he encontrado ni rastro del Jorge G-Dihinx fotógrafo de surf, que cogía el tren en Zaragoza a finales de los 80, en base a un mapa de isóbaras del periódico, para ir hasta Mundaka y pasarse horas en el agua helada tirando fotos a los surfistas, antes de regresar a casa. Tampoco he podido encontrar ninguna de sus fotos de surf que por aquél entonces publicaron Tres60 o, principalmente creo recordar, Surfer Rule. Una lástima.

Únicamente he encontrado ESTE texto que precede una entrevista que le hizo Roge Blasco para Eitb (la entrevista no he logrado encontrarla), y este vídeo de una marejada de verano en Zarautz.

D.E.P.



 

 

jueves, 1 de enero de 2026

Visiones Periurbanas (otoño 2025)

(Periurbano: zona de transición entre el espacio urbano -ciudad- y el espacio natural.)

Dejando de lado un par de días específicos en lugares concretos, este otoño nos ha ofrecido un número considerable de días en los que poder echarnos al agua... pero casi siempre en condiciones más bien pobres. De ahí que los instantes más interesantes no ocurran en el agua, sino fuera.













martes, 9 de diciembre de 2025

Los que tuvieron, retuvieron...

Kalani Robb y Rob Machado con dos midlenghts (una de ellas en formato corchopán) en Seaside Reef.



domingo, 7 de diciembre de 2025

The Wrong Coast (y III)

Pues eso, ya tenemos tres vídeos (más allá de reels de IG) de la situación meteorológica descrita en mi anterior entrada. Y seguramente saldrán más con el tiempo.

A cada uno lo suyo ...y a nosotros las migas.




jueves, 20 de noviembre de 2025

The Wrong Coast (II)

Predicción de olas para las próximas dos semanas. Un clásico del mediterráneo en estas fechas otoñales: frentes atlánticos que cruzan la península y la lían parda.

1) Empieza con la entrada de viento de N/NO (mestral, tramontana) en el Golfo de León. Como sucede a menudo en esta fase inicial, una parte del viento (y por lo tanto de la marejada) se desvía por efecto orográfico hacia la Liguria (Génova) y Norte de la Toscana. En las imágenes 1 a 5 vemos como la marejada se intensifica golpeando duro el Norte de África (Túnez, Argelia) y la costa Oeste de la Cerdeña, pero deja olas también en Baleares, costa de Roma e incluso en Marsella por refracción. Acaba su recorrido en Sicilia y Malta.







2) Siguiente episodio: la entrada de un frente cálido, del SO, que afecta principalmente a la costa Oeste de Cerdeña.



3) Seguido del frente frío, otra vez del N/NO, más centrado en Cerdeña y Norte de África, pero repartiendo un poco por (casi) todas partes.



Esta secuencia de frentes (frío, caliente, frío, etc) y sus correspondientes marejadas (N/NO, SO, N/NO, etc.) es la norma cuando no tenemos el anticiclón encima el Mediterráneo. No es otra cosa que el camino natural de las borrascas que entran en la Península por el Cantábrico. 

La excepción es cuando un núcleo de bajas presiones se instala en el Mediterráneo, provocando vientos del E/SE (dirección ideal para que el litoral catalán reciba olas) que, en caso de condiciones muy precisas, puede acabar creando una DANA. Pero que un núcleo de bajas presiones se instale en el Medi es una excepción; no la norma.

Podéis identificar qué tramo de costa está de color azul (sin olas) durante TODA esta secuencia? 
The Wrong Coast.

Vídeo de surf en Marsella AQUÍ.
Vídeo de surf en Liguria AQUÍ.
Vídeo de surf en Roma AQUÍ.
Vídeo de surf en Cerdeña AQUÍ.
Vídeo de surf en Argelia AQUÍ.
Vídeo de surf en Túnez AQUÍ.
Vídeo de surf en Sicilia AQUÍ.


miércoles, 19 de noviembre de 2025

The Wrong Coast (I)

Han sido estos unos días interesantes. De jueves a domingo (inclusive) tuvimos olas (en la versión más amplia e inclusiva del concepto). El sábado fue el mejor día, y con sol radiante y calorcete. Os podéis imaginar el panorama. Al ser una marejada del SO (jueves y viernes entró del E/NE pero luego roló), y con viento del O/SO, el sábado los espigones que tienen bancos de arena en su vertiente septentrional estaban como antaño El Corte Inglés el primer día de rebajas.

Con esas condiciones ese sábado salí de mi zona de confort (esos 3 kms de costa que tengo delante de casa) para ir a uno de los spots clásicos de la costa catalana que, justamente, suele lucir sus mejores galas en estas condiciones. Esa playa es donde se celebró el primer campeonato de surf nunca realizado en Cataluña allá por el 89 o 90. Un pico con solera, vaya. 

En el agua mucha gente: de todas las edades, niveles y géneros. Con todo tipo de tablas. No es un sitio fácil de surfear por la corriente y la irregularidad de la ola, pues nunca tienes claro lo que va a hacer.

Al remontar tras mi primera chusta tuve un incidente y mi tabla (la de verdad, no el corchopán) sufrió un tajo ocasionado por la quilla de otra tabla; tajo que empieza en el canto y entra unos 15 cms hacia el centro de la tabla. La otra tabla? Impoluta. 



Grité, me enfadé y dije algunas cosas inapropiadas al piloto de esa otra tabla. Salí del agua y volví a entrar, esta vez con el corchopán. Y con mucha frustración encima. Obviamente, durante el resto del baño no me salió nada.

(Antes de continuar quiero aclarar que ese otro surfista, totalmente desconocido para mí, aunque no coincidimos sobre quien era el culpable del incidente y sufrió mi ira en los momentos posteriores al mismo, hizo el esfuerzo de salir del agua a buscarme, dejar su número de tf y ofrecerse a costear la mitad de la reparación. Ante esta actitud luego por tf me disculpé ante él por mis exabruptos y decidí, obviamente, que me haré cargo yo solo de la reparación. Más que nada porque en el fondo la culpa fue mía por el simple hecho de haber entrado en un sitio en el que ya sabía que no iba a disfrutar. A ver si aprendo.)


★   ★   ★


Cerca de allí un amigo estaba impartiendo clase de asignaturas teóricas en un curso a futuros monitores de surf. Fui con la intención de saludarlo y quedar para comer luego, pero me pidió que les explicase cuatro cosas a sus alumnos (encerrona!!). Estuvo bien, aunque no tengo claro si ellos opinan lo mismo. Les expliqué (entre otras cosas), mi concepto de Wrong Coast

Este concepto ha sido forjado tras años y años de seguir la evolución de las temporadas y oleajes, y darme cuenta que la peor costa del Mediterráneo Occidental para la práctica del surf es la costa catalana. Razones? Poca frecuencia y poca calidad, incluso en un contexto mediterráneo. 

El Mediterráneo Occidental (costas mediterráneas española y francesa, N de Túnez y Argelia, las islas, la costa Italiana -excepto el Adriático- y hasta Malta) tiene en la Tramontana (N) y el Mestral (NO) a los principales “generadores” de olas. Y la costa catalana se encuentra a la sombra de estos dos vientos. Pero es más, cuando excepcionalmente hay marejadas con componente E o S, que son las que nos mandan oleaje, y las menos frecuentes con mucha diferencia, tampoco disponemos de picos de calidad. 

Nuestras playas son o muy profundas con un banco de arena orillero, o con fondo muy progresivo e interminables líneas de espumas con poca fuerza. Los pocos fondos de roca que dan olas de una calidad aceptable (siempre en un contexto mediterráneo), son muy escasos, y únicamente funcionan en condiciones que se dan poquísimas veces (pueden estar inviernos enteros sin funcionar). 

Resumiendo la realidad de las condiciones para el surf en Cataluña en pocas palabras: escasas y malas.

Esa realidad es mucho más aparente ahora que a finales de los 80, cuando empecé a surfear por aquí. Por aquél entonces, en la costa de Tarragona, no había visto nunca a nadie surfear en el Atlántico. De hecho no había visto nunca a nadie surfear en primera persona, únicamente ocasionalmente en la TV. Ignorábamos hasta qué punto nuestras olas eran malas y escasas. Luego empecé a frecuentar la costa del Cantábrico, Portugal, Francia y rápidamente vi que nuestras olas apenas podían llamarse eso, "olas". Pero pensaba que era un problema compartido con todo el Mediterráneo

Pero en los últimos años me he dado cuenta de que ni siquiera eso. Gracias a los modelos de predicción, los teléfonos móviles con cámara y a las redes sociales puedes apreciar las condiciones de surf en un tramo de costa simplemente mirando las redes sociales de los surfistas de esa zona en aquellas fechas, y así fácilmente evaluar hasta qué punto tuvieron mejores o peores condiciones que en tu playa/costa.

Si queda claro que no hay ninguna costa del Mediterráneo comparable con el Atlántico o Cantábrico en cuanto a frecuencia y calidad de olas, no es menos cierto que dentro del Mediterráneo estamos en el furgón de cola. La zona de Génova, el N de la Toscana, Cerdeña, la zona de Roma, y el N de Argelia y Túnez tienen muchos más días de olas al año que nosotros, y rompientes de mucha mejor calidad que rompen a menudo, gracias a la preponderancia de la Tramontana y el Mestral. Ídem en amplios tramos de la costa de la comunidad valenciana y andaluza, por no hablar de las Baleares. Sin lugar a dudas aquí en Cataluña estamos en la costa equivocada, no solamente respecto al Atlántico/Cantábrico, sino también en lo que se refiere al Mediterráneo.

La única, repito, la única ventaja que tenemos en Cataluña respecto a la mayoría de surfistas de otras costas del Mediterráneo Occidental es que estamos a 5h30 en coche del Atlántico. Para todo lo demás nos ganan por goleada. Lo dicho: The Wrong Coast.

Y aun así sigo surfeando. Hoy he trabajado desde casa con una ventana del ordenador conectada a la webcam de la playa, para ver si esos 15cms que estaban rompiendo subían a 40cms y merecía la pena mojar el corchopán. He vivido nueve años en Euskadi, si sumo todas mis estancias en Indonesia seguramente llegue al año, estuve dos años en Sudáfrica y dos entre Australia y NZ. Más otros dos en Costa de Marfil. Tengo tablas guardadas en casa de un amigo en Canarias para mis excursiones anuales allí. Pronto hará 40 años que empecé a surfear y sigo siendo igual de malo y patoso. Vivo en la costa equivocada y a pesar de eso no consigo dejarlo.

Sinceramente el surf es jodidamente mágico... pero como bien dice mi colega Joli: “hay drogas mucho peores”.

jueves, 13 de noviembre de 2025

El arte perdido de guardar un secreto

Vídeo recién estrenado de la mano de Christenson Surfboards en Indo con cuatro riders de su equipo: Tom Carroll, Aritz, Beau Cram (hijo de Richard Cram, el mejor cutback frontside de ppios de los 80) y Oscar Langburne

Personalmente, junto con los vídeos recientes de Oscar Langburne en solitario (AQUÍ) y, especialmente, el de Craig Anderson (AQUÍ), de lo mejorcito grabado en Indo en tiempos recientes, no tanto por las olas y el surfing (que también), sino por el ambiente que desprenden.





martes, 14 de octubre de 2025

Surf Beach Rats

 


Últimos coletazos de la marejada. En muchas ocasiones, en esta zona del Medi las olas llegan con lluvia y mal tiempo. Si bien los colectores y la gestión de las aguas pluviales han mejorado mucho respecto al pasado, no es excepcional encontrarse con sorpresas.

sábado, 11 de octubre de 2025

Reflexiones de viernes y sábado

Viernes

Primer día de la marejada. Dadas las características de la misma (dirección, viento, período…) no me creo mucho las previs de Surfline para mi trocito de costa (los 3 kms de playa que me quedan más cerca de casa, y que comprenden un puerto, dos espigones y una larga extensión de arena). 

“Muy optimista estás tu…” le susurro a la pantalla mientras compruebo por enésima vez los partes.

En efecto, voy mirando la webcam a lo largo de la mañana y, a medida que aumenta el tamaño para llegar a nivel “casi-surfeable”, también lo hace el viento y disminuye el periodo. Quizá hay un momento en que parece que… se diría que… igual esa… pero me pilla en plena videoconferencia a cuatro bandas y no puedo escaparme.

Bajo a la playa después, a la tarde, con todo el pescado vendido. Ventarrón y 15 cms. 10 cms en los sitios resguardados. Se me ocurren únicamente un par de lugares donde se podrá surfear en un radio de 45 minutos en coche. El que está más alejado es donde más mar le entrará, pero estará en modo supervivencia por el ventarrón. La webcam me lo confirma: en el agua solo hay gente con tablas de wind y kite en modo "volando voy, volando vengo" en un mar muy roto.

El otro está más cerca, pero está en la ciudad. Retenciones para entrar. Aparcar. Retenciones para salir. Jaleo. Confusión. Una pesadilla, vaya.

Cierro los ojos (virtualmente; no os aconsejo cerrar los ojos mientras conducís) y a la ciudad que voy. Llego. Aparco. Me asomo a la playa y me encuentro con esto:

 


 

En esta playa es donde más miedo he pasado en el agua con una tabla de surf. Fue una mañana, al amanecer, hará unos 8 años. Tenía reunión a media mañana en la ciudad y decidí ir ya a primerísima hora para pillar olas. Había un tamaño parecido al que veis en el vídeo, pero muy limpio. Cerrando (como casi siempre) y la tranquilidad duró 5 minutos. Luego ya éramos 50 en el agua. Y después 60. Y 80. 

Y más …pero dejé de contar. 

Cada ola era remada por más de 20 personas que, una vez en pie, intentaban surfear el cerrojo mientras sorteaban a la gente que por allí andaba pululando. Vi más caídas y encontronazos en 15 minutos que en un año de reels de Kookslams. Aquél día mi baño duró 45 minutos y solo cogí dos cerrotes. Salí espantado y agradecido de no haber recibido ningún golpe y mantener la tabla intacta. 

Eso fue entonces, hace casi dos lustros, pero hoy, viendo este panorama, me doy cuenta que el trauma de aquella sesión sigue dentro de mí. Grabo las imágenes del vídeo y regreso a casa.

 

Sábado – Y a ti quién te ha engañado?

Hoy el viento sigue pero el mar ha subido algo. Lo justo para un baño en condiciones mínimas, pero relativamente limpio. El banco no está muy bueno, pero es lo que hay. No rompe nada más en ningún otro pico de mi trocito de costa, y las opciones más alejadas no me convencen.

Este banco de arena en cuestión ha encogido desde la primavera, y estamos todos apelotonados en pocos metros cuadrados. Somos un mogollón (30?) o al menos esa es la sensación al estar tan juntos. Podrías cruzar el pico entero, sin mojarte, saltando de una tabla a otra.

Es un banco de arena muy …curioso (voy a ser amable). Algo así como una minicordillera de arena sumergida bajo el agua, pues no conecta con la orilla, de unos 40 metros de largo (paralelamente a la orilla), por 20 metros de ancho. En el lugar donde cubre menos quizá haya unos 60 cms de agua. Y luego, vayas en la dirección que vayas, vuelve a cubrir y ya no tocas. 

El tema es que en toda la playa las olas solo rompen aquí; pasa a menudo cuando son tan pequeñas. Hoy solo las más grandes ofrecen algo de recorrido (aunque sin fuerza) pero tardan. Y cuando llegan todos las remamos. Hacia la derecha, hacia la izquierda y hacia el centro. Y todo el mundo está contento si consigue ponerse de pie y “surfear” la espuma. 

Veo un par de caras familiares, seguramente de hace 20 años, de cuando ya éramos muchos (pero no tantos) y todavía podías pegarle un grito al que te había saltado la ola (o remontaba por donde no debía) sin recibir miradas de reprobación ni una denuncia por bullying. De los más antiguos, la peña de los años 80 y 90, de cuando con solo ver los coches en el parquin ya sabías quien estaba en el agua, no veo a nadie. Algunos siguen surfeando pero es difícil coincidir.

Me impresiona el contraste entre la felicidad de la mayoría de los presentes, muchos de los cuales no consiguen coger ni una miserable espuma, y mi estado de ánimo. 

Surfear es coger olas, que no espumas, y danzar encima de una tabla para acompañar a esa onda en los últimos instantes de su vida. Avanzar acariciando su pared, allí donde todavía tiene fuerza, y no ser arrastrado por la espuma en línea recta hacia la orilla. Pero la gente está sonriendo, hablan (nada interesante, creedme), algunos ligan o lo intentan y, sobre todo, reman; reman todo lo que se mueve.

Al cabo de un rato me pillo una mini derecha decente, exprimiendo los poderes mágicos de mi super-corchopán al máximo (modo turbo boost) para, una vez de pie y con una mini pared abriendo delante mío, ver como un cuarentón calvo se pone a remarla a mi lado mientras me mira (hacia arriba) y exclama “Sigue, no pares!!” a la vez que con su ubicación impide que yo pueda acceder a la pared de la "mi" ola. 

Eso (remar -sin ponerse de pie- y animarme a que yo siga "surfeando") es todo lo que consigue hacer durante los pocos segundos de vida que le quedan a la ola. Cuando muere, nos encontramos los dos donde el agua nos llega a la cintura y el tío ni se inmuta a pesar de mi cara, que no debe ser precisamente de júbilo, y se vuelve al pico con una gran sonrisa pues ha estado a punto de coger una ola.

No lo entiendo. A ese (y al 90% de los demás presentes) quién le ha engañado diciéndole que eso es surfear?

 

Sábado – El Jefe

En esas llega el Jefe.

En frente de ese pico, en la acera al otro lado de la vía del tren y de la carretera, hay un “Todo a 100” de surf. Un local donde alquilan tablas, dan clases de surf, de skate, de pádel, hacen yoga, pilates, puedes guardar tu tabla y seguramente también te enseñan a hacer tostadas de aguacate con semillas de chía y café de finca. A pesar de que ese establecimiento, cuyo nombre combina el nombre de la comarca más la palabra “olas” (en inglés), tiene ya algunos años de existencia, mi relación con el mismo se reduce a haber coincidido algunas veces en el agua con alguna clase.

En esos encuentros he logrado distinguir 2 niveles de alumnos y 1 nivel de exalumno. A saber: 

los empujados: aquellos alumnos que no consiguen coger la ola si el monitor no les empuja; 

los buenos: aquellos alumnos que dejan de ser empujados porque consiguen coger la ola, a veces, ellos solitos; que consigan ponerse de pie o no ya es otro tema; 

los máquinas: cualquier exalumno de la escuela que, tenga el nivel que tenga, sigue pululando regularmente por el pico.

Pues a pesar de que ya estábamos rompiendo las costuras del pico, tanto por espacio físico como por el ratio de olas/espumas por persona en el agua, dos grupos con monitores del Todo a 100 de surf se adentran al agua. 

Un monitor se lleva al grupo de los empujados al extremo opuesto del banco de arena. 

Bien. 

En cambio el grupo de los buenos viene a mi zona, con el Jefe al mando, fácilmente reconocible por ser el único monitor con lycra de color dorado (igualito que el líder del ranking en la WSL) y su personalidad …desbordante. 

Mal.

El Jefe en cuestión calzará unos cuarenta y tantos, cabeza rapada y perilla, vozarrón estilo Joaquín Sabina a altas horas de la madrugada y ese aire bonachón, simpático y amigo de todos a lo Bertín Osborne que tanto gustaba a nuestras abuelas. 

En cada ola ordena a sus alumnos que remen haya o no alguien ya remando ...o incluso surfeándola. Sus órdenes, consejos y comentarios son oídos en varios términos municipales colindantes, y los máquinas que se encuentran en el pico rápidamente vienen a saludarle, para enseñarle su nueva tabla o decirle que ya han hablado con fulano y mengano para que se apunten a sus clases... o al surfcamp de invierno en algún lugar exótico e instagrameable donde, en palabras del propio Jefe, “No solo se hace surfin!”.

En un momento dado, tras una serie, una alumna del grupo de los buenos le comenta que se ha caído al ponerse de pie porque le ha visto a él, al Jefe, remontando delante suyo y se ha asustado. A lo que el Jefe le contesta: 

“ Tranquila, yo ya te había visto. Porque a la muerte siempre hay que mirarle a los ojos”.

En ese mismo instante estoy convencidísimo que en su residencia californiana de Carmel-by-the-Sea, Clint Eastwood y Harry el Sucio han sabido que ya pueden morir en paz porque su relevo en la Tierra está asegurado.

Y, también en ese momento, yo decido que es hora de salir del agua.

 

Sábado – Spicoli is in da house

Uno de los primeros máquinas que se ha acercado a saludar y rendir pleitesía al Jefe es Jeff Spicoli. 20 y pocos, fibrado (puro bro de gimnasio), bajito y con tabla corta. Pero lo que me había llamado la atención de él, mucho antes de que llegase el Jefe, era su look: iba en bañador (el único; el agua está buena pero no para surfear un buen rato en bañador), llevaba (OJO al detalle) gafas de sol rojas y un collar de puka al cuello. Es más: su expresión y su rostro eran muy similares a los de Sean Penn interpretando el papel del surfista adolescente Jeff Spicoli en Fast Times at Ridgemont High. Quizá con el pelo un poco más corto, pero clavado. De ahí que lo haya bautizado así.

Hasta aquél momento no le había visto coger ninguna ola, solo hablar con una chica (¿puede una alguna aspirante a surfista resistirse a un espécimen así? me pregunto). A la llegada del Jefe, Spicoli se acerca remando a saludar.

-Qué tal Jefe?!?... 

-Hombreeee, máquina!!

-Mira qué tabla me he pillado Jefe! Y le enseña un quad fish.

-Joé, muy buena. Esa es una réplica de la de Rob Machado, eh! Mu buenaaaa. Ostiaaa, que viene la serie!

Llega la serie y yo consigo pillar una izquierdita que me abre lo justo para tener la sensación de estar surfeando. Cuando regresa la calma estoy en la parte del banco de arena más cercana a la orilla, esperando una espuma cualquiera que me ayude a reducir la remada hasta la arena seca. Me giro y veo a Spicoli triste, sin gafas de sol y rebuscando desesperadamente en el agua alrededor suyo. 

Y es que Spicoli ha perdido las gafas de sol. 

Unos segundos después piso la arena de la orilla, oigo un crujido debajo de mi pie y noto algo duro. Me agacho. Distingo algo rojo y roto bajo mi pie. Lo recojo y arrojo los restos de las gafas de Spicoli en la primera papelera que se encuentra en mi camino.

Extrañamente me siento bien.


Sábado – el shaolin

Vuelvo a bajar a la playa a última hora. Está más o menos igual (o sea fatal), pero hay menos gente según la webcam.

Mientras ando por la orilla veo a un tipo en plan monje shaolin haciendo conjuros y bailes en la arena, ajeno al mundo que le rodea. Pienso que este mundo está lleno de frikis, con muchas pajas mentales. 






Luego miro las olas en las que voy a meterme y me doy cuenta que los que intentamos ser surfistas aquí, en este rincón tan desagradecido del Medi, no dejamos de ser unos frikis más. 

viernes, 26 de septiembre de 2025

Rocas y queroseno

A mi regreso de Indonesia vi un buen parte de surf para Iparralde y subí a surfear, para aprovechar los últimos días del été indien. Calor, vientos flojos y favorables, y una mar de fondo limpia y aterciopelada, acompañada por unas puestas de sol de película.

Como no podía ser de otra manera, volví a visitar el Templo de los Mediocres un par de veces. Encontré a muchos más tabloneros que hace unos años, la mayoría con un nivel muy alto; y gente muy guapa. De hecho en ambas ocasiones salí del agua con el síndrome del patito feo, pero encantado con las (pocas) olas que pude pillar. Y es que para un mediocre como el que escribe estas líneas, surfear un par de olas en nuestro Templo es lo máximo a lo que podemos aspirar.


En una de estas sesiones tuve la grata sorpresa de encontrarme con Pacotwo y luego fuimos a tomar algo juntos. Coincidimos en que a ambos nos sigue gustando hacer fotos de surf (él) y escribir acerca del surf (yo), a pesar de que ambas actividades a día de hoy han perdido toda su relevancia en aras del vídeo, especialmente si es en formato muy breve para las redes sociales.

Le hablé me mi realidad en el Medi y me preguntó si no teníamos muchos días de olas pequeñas y limpias. Le comenté que no: lo normal en el Medi es que esté totalmente plato.

Curiosamente, unos días después y ya en casa tuvimos dos días de mini olas. El primero no surfée, pues el único sitio en el que rompía algo cerca de casa era en un pico que tiene muy mala baba cuando está pequeño: la ola muere en apenas unos centímetros de agua encima de un fondo de piedras muy irregular, y es fácil romper quillas o hacerte algún corte en los pies/tobillos. A ese pico corresponden las 4 primeras olas de este vídeo.



El segundo día con olas conduje un poco más lejos, y me fui a la playa que más mar recibe en nuestra zona. Allí las olas también terminan en muy poca agua, pero sobre arena. Me encontré con un par de amigos y cogí un puñado de orilleras. Las dos últimas olas del vídeo corresponden a esa sesión.

Esta es la realidad ...y lo demás fantasía.